Ser padre no es nada fácil. Siempre se comenta que nadie nace para padre o nadie te enseña a ser padre y tiene mucho de cierto, aunque hay muchas fuentes de consejos, al momento de vivirlo es una experiencia única. Además cada hijo es diferente.
Ser padre de un niño con autismo es mucho más dificil. Como padres nos guiamos mucho en la retroalimentación que nos dan los hijos, - ¿tienes hambre? ¿tienes frío? ¿qué te duele? ¿a qué estás jugando? Así como la disciplina que queremos tener se basa en instrucciones que damos – come bien, ya duérmete, haz caso, etc.
Estos dos elementos se encuentran muy limitados con un niño con autismo. Con nuestro hijo tenemos que aprender a interpretar sus necesidades y la atención hacia nuestras órdenes son casi nulas, lo que hace el funcionamiento bastante complicado sobre todo en ambientes no contralables como las casas de otras personas, convivios, etc.
Un aspecto que en lo personal es muy doloroso es la demostración de cariño, uno desea escuchar de su hijo que lo quiere, que está contento que se extraña que se desea ver de nuevo. En el espectro autista hay niño que son incapaces de una demostración afectiva, nuestro hijo tiene una forma extraña de demostrarlo.
Todas estas complicaciones desgastan a la pareja, hacen que la vida gire al rededor del niño y los que sufren también son los hermanitos (como es nuestro caso). El stress de la vida agregado al de tener un niño con autismo es una carga muy pesada que ha hecho que muchos matrimonios incluso fracasen.
He visto estadísticas de divorcios en estas parejas, sin embargo no son muy firmes. Sin embargo por experiencia he conocido casos dramáticos donde especialmente el papá abandona la casa, incapaz de afrontar la situación, o de la madre que se daña psicológicamente por la carga emocional que carga en sus hombros.
La frase “un niño especial para padres especiales” no siempre se llega a dar. El autismo es un reto grandísimo que pone a prueba todo el amor y la paciencia que una familia pueda tener. Es obvio que una famila desmembrada no hace más que perjudicar más al niño con autismo, ya que su nivel de sensibilidad es mucho mayor que el de los normales.
Yo pienso que toda familia de niño con autismo debería tener apoyo terepéutico, no solo el niño. Hay muchas situaciones derivados del trastorno que como padre no se pueden afrontar con el mismo patrón que un niño normal, simplemente no funcionan. Y como matrimonio las experiencias también son diferentes y cualquier distanciamiento debe ser causa de alerta.