
La semana pasada mi esposa y yo llevamos a nuestro hijo Carlo Marco al doctor, esperábamos en una sala y Carlo se estaba impacientando, caminaba de un lado para otro, en eso una señora se me acerca, se dio cuenta que es un niño especial y me empieza a contar sobre su hermano que ya tiene 48 años pero con una mente de 3 años.
Me contó como fue su niñez y juventud en la Cd. de México. De niño fue internado en un manicomio donde prácticamente fue torturado, se le hacía entender a golpes. Vivió un ambiente en casa donde la mamá se cansaba de cuidarlo y donde su padre quería matarlo por loco.
La señora nos contó que su hermano de joven de salió de la casa, agarró un camión y se perdió por 20 días, pensaba que ya había muerto hasta que un familiar lo encuentra por casualidad en un pueblito tirado en el suelo, desnudo, hambriento y con una fractura en el brazo.
La señora que nos contó esto emigró a los Estados Unidos y logró llevarse a su hermano, estuvo en un lugar donde lo “cuidaban” pero en realidad también sufría maltrato. Ahora lo tiene en su casa. Nos dice la señora que ha estado progresando, que le habla con señas y que si entiende.
Nos dijo que han cambiado los tiempos, antes no había conciencia en la sociedad de las personas con discapacidad, los adelantos médicos también han hecho que hayan mejores tratamientos. No quiero decir que ahora no existan abusos o negligencias, pero habido un notable avance, es buena época para las personas con discapacidad, sobretodo porque han logrado superar muchas adversidades y no se les considera un castigo divino.
Esta triste historia me hizo ver a mi hijo con otros ojos, con una nueva esperanza y con la convicción de que tiene en casa todo el amor y el apoyo para poder seguir adelante. Lo amamos con todo nuestro corazón.